Doctrina de Shock en el Magreb. Siria y Libia

El libro de Naomi Klein, "La doctrina de Shock", se publicó en 2007 y ella hablaba de los ejemplos anteriores a ese año en su libro. Esos ejemplos documentaban la aplicación práctica de esta doctrina donde las élites políticas y económicas aprovechan momentos de crisis profunda (guerras, atentados, desastres naturales, colapsos económicos) para imponer cambios políticos, económicos o sociales que en circunstancias normales encontrarían una fuerte resistencia social.

Al haberse publicado el libro en 2007, la periodista no pudo incluir otros casos paradigmáticos de aplicación de esta técnica que aparecieron posteriormente pero que, sin embargo, encajan total o parcialmente con la lógica de la doctrina del shock. Veamos un ejemplo de aplicación de esta doctrina en el caso concreto de las Primaveras Árabes de la década del 2010.

En general, los siguientes ejemplos siguen una pauta bastante conocida, pero no por ello menos eficaz:

  • El shock genera miedo, desorientación y urgencia en la población que observa atónita e impotente el espectáculo.
  • La población acepta medidas excepcionales en nombre de la seguridad.
  • Se aprueban reformas estructurales o decisiones estratégicas que antes serían impopulares.
  • No requiere necesariamente que el shock haya sido provocado deliberadamente por las mismas élites que lo parasitan; basta con que sea explotado políticamente. 

Y este último punto es fundamental en la teoría de shock: la doctrina no exige demostrar que los gobiernos “permitieron” el ataque, sino que se aprovecharon sus consecuencias

Las primaveras árabes 

Las Primaveras Árabes (2010–2012) ​fueron una serie de manifestaciones populares, levantamientos y rebeliones armadas antigubernamentales a favor de la democracia que se extendieron por gran parte del mundo árabe a principios de la década del 2010.

La versión oficialista poroclama que estas manifestaciones fueron espontáneas y se autoorganizaron  buscando establecer regímenes democráticos así como derechos sociales. Comparten ciertas similitudes entre sí y con la doctrina de Shock:

  • Crisis socioeconómicas previas provocadas por el mucho desempleo juvenil, una corrupción enquistada en los órganos de poder y una inflación desbocada.
  • Vacíos de poder muy peligrosos.
  • Explosión emocional colectiva típicamente provocada por un incidente casual cuya chispa hace estallar el polvorín que se había estado gestando. La chispa que originó todas las primaveras árabes ocurrió el 17 de diciembre de 2010 en la ciudad de Sidi Bouzid. Mohamed Bouazizi, un vendedor ambulante, fue despojado por la policía de sus mercancías y cuentas de ahorros.  En un acto de protesta, Mohamed se inmoló a lo bonzo.  La ola de indignación que despertó fue de tal calibre que miles de tunecinos salieron a protestar contra Zine El Abidine Ben Ali, presidente del gobierno autoritario de Túnez desde 1987. Mohamed Bouazizi falleció el 4 de enero de 2011. Diez días después, el presidente Ben Ali dimitió, causando un efecto dominó en el resto de las naciones árabes.
  • Colapso rápido del orden político en algunos países. El ejemplo de Túnez fue imitado en el resto del mundo árabe. En Egipto, salieron a manifestarse millones de personas contra Hosni Mubarak quien llevaba 30 años en el poder; en Libia contra Muamar El Gadafi (42 años en el poder); en Siria contra Bashar al-Ásad (15 años entonces); en Yemen contra Ali Abdullah Saleh (21 años entonces); en Argelia contra Abdelaziz Buteflika (12 años entonces).
Viendo las barbas pelar de estos países, el sultán de Omán Qabus bin Said Al Said y el rey Hamad bin Isa Al Jalifa de Baréin pusieron sus barbas a remojar incrementando el poder de los parlamentos y prometieron mejores condiciones de vida en ambos países;​ en Jordania fue destituido el primer ministro Samir Rifai.[6]​ Mientras en Egipto Hosni Mubarak fue derrocado el 11 de febrero.

Desde el punto de vista psicológico y social, sí hubo un “shock”, aunque inicialmente no fuera planificado. El arranque inicial de las protestas fue genuinamente popular y no planificado. No parece que fuera una operación diseñada desde el inicio por potencias extranjeras, especialmente en Túnez o Egipto.

Ciertamente esto pilló con el paso cambiado a las élites económicas o políticas, pero estas sí que estuvieron ágiles en aprovechar las oportunidades que se intuía vendrían. Y esto último es lo que importa en la doctrina de shock.

A diferencia del Chile de 1973 o la Rusia de los 90, no había un “manual” económico liberal listo para imponer inmediatamente. 

De hecho, los resultados acabaron siendo muy divergentes. En Túnez, hubo una transición limitada pero real. Sin embargo, en Egipto ocurrió una contrarrevolución militar. En Siria y Libia, el colapso en todos los aspectos, ha sido total, tanto en materia económica como social y política, donde ha acabado todo repartido en manos de señores de la guerra o facciones tribales.

Muy posiblemente, se podría afirmar que no hubo una aplicación genuina única de la doctrina del shock árabe, sino mas bien, procesos sociales espontáneos que luego fueron capturados o desviados según diversos intereses locales o internacionales. Una comparación rápida con otros países podría generar la siguiente tabla

PaísIntensidad del ShockAprovechamiento externoAplicación ortodoxa
TúnezModeradoBajoParcial
EgiptoAltoMedioParcial
SiriaExtremoAltoSí (con guerra proxy)
LibiaExtremoMuy altoSí, claramente

Se podría afirmar que:

  • Las Primaveras Árabes no fueron, en su origen, una “doctrina del shock” planificada de antemano desde las élites económicas o políticas, ni fueron una consecuencia de su actividad anterior deliberada conducente a provocar estos alzamientos.
  • Sin embargo, en varios países, el shock producido sí que fue aprovechado según esa lógica de que a rio revuelto, ganancia de pescadores
  • De todas las primaveras árabes, Libia y Siria son los casos que mejor encajan, porque:
    • Se produce la destrucción total del Estado.
    • Existe una intervención extranjera que además tenía previamente intereses claros en la zona.
    • Existe un beneficio geoestratégico evidente y una ausencia de reconstrucción democrática.

Desde la óptica de Naomi Klein, Libia y Siria serían un ejemplo de cómo una revuelta legítima puede convertirse en una oportunidad para el capitalismo del desastre y la reconfiguración geopolítica, incluso aunque el resultado final sea el caos permanente.

Veamos ambos casos en detalle para ver hasta qué punto esta doctrina se aplicó en ambos países. 

Libia

Un caso paradigmático es el Libia. Posiblemente el caso más cercano de todos a la doctrina del shock. Analizando en detalle la situación de la Libia de de Gadafi, se podría decir que antes de 2011, Libia tenía:

  • Estado autoritario, como tantos otros dentro del Magreb. No era la excepción, sino la regla.
  • Proyectos de integración africana que se alineaban con intereses que no coincidían con los occidentales.
  • Alta renta per cápita para estándares africanos.
  •  Educación y sanidad públicas.
  • Control estatal del petróleo.
  • Cero deuda con el FMI.

Desde la lógica de Klein, Libia no era un Estado “abierto” al capitalismo global clásico, ni democrático.

El shock

Aprovechando el descontento de la población y el autoritarismos del régimen, junto con la desproporción del nivel de vida de los dirigentes y del pueblo, surgen protestas reales en 2011 como consecuencia del detonante de la inmolación, a lo bonzo, de un pobre repartidor que fue despojado de todo por la policía. El hecho no fue planificado.

Este impacto fue rápidamente aprovechado por las élites, que estaban esperando un evento favorable para acelerar el cambio. La CIA y otros servicios apoyaron, coordinaron y seleccionaron actores para que el conflicto social escalara rápidamente a un conflicto armado; lo cual sirvió de coartada perfecta para lanzar una Intervención militar de la OTAN bajo pretexto humanitario.

Esto llevó a bombardeos sistemáticos y finalmente a dejar a su líder Gadafi en manos de sus detractores, que lo ajusticiaron en una horca, decapitando el poder y dejándolo en manos de las potencias extranjeras, junto con su gas.

Esto produjo:

  • El colapso total del Estado y la desaparición de cualquier marco institucional.
  • Un trauma social extremo.
  • Una fragmentación del estado en arcaicas tribus y milicias.

Este es un shock en sentido estricto, comparable al de Irak.

La Terapia

La terapia de la doctrina del shock se aprecia claramente cuando se busca la destrucción antes que la reforma. Esto es muy característico de la doctrina del shock: primero se borra la estructura existente y luego se “gestiona” el caos en provecho de los interesados.

A diferencia de Egipto o Túnez, no hubo transición política o económica, ni negociaciones. Simplemente, tal y como indica el manual, se destruyó el sistema antes de construir otro.

Quid Prodest?

El vacío funcional generado es aprovechado por intereses externos. Así, tras la caída de Gadafi:

  1. Desde el punto de vista económico, el petróleo y el gas queda dividido bajo diferentes facciones que lo controlan. Desaparece el interlocutor estatal único y fuerte.
  2. De esta manera, las empresas extranjeras, fuertes y cohesionadas, negocian con actores locales debilitados.
  3. Desde el punto de vista político, se frenó el proyecto panafricano autónomo, no controlado por potencias occidentales.
  4. Libia dejó de ser un actor geopolítico independiente.

Desde la lógica kleiniana, el caos es funcionalEE. UU., Francia y Reino Unido tenían intereses estratégicos, tanto políticos como económicos, en Libia. Eso no quiere decir que hubiera una conspiración concertada entre los servicios secretos de esos países para acabar con Gadaffi, pero ciertamente los incidentes lubricaron el proceso que fue magistralmente aprovechado por estas potencias para entrar a sacar tajada de los incidentes. El proceso de reconstrucción fue silenciado mediáticamente para evitar testigos incómodos del reparto del botín. 

Reflexión

La metodología encaja perfectamente con la práctica del "capitalismo del desastre", donde el caos se utiliza para reestructurar sociedades y beneficiar intereses externos

  1. Primero se interviene para aprovechar el shock. "Shock" económico: Tras la guerra, la economía libia sufrió una pérdida de potencial estimada en 783.200 millones de dinares libios entre 2011 y 2021. La economía de guerra en Libia tras la caída de Gadafi.
  2. En el caso de Libia, el colapso se aprovecha como oportunidad de negocio. La intervención de la OTAN en 2011 fue justificada por motivos humanitarios (Responsabilidad de Proteger), 
  3. Se reformatea la sociedad de tal forma que ya nunca volverá a ser como antes. Y en cualquier caso dejando siempre los recursos en manos de los intereses de los intervinientes. Se produjo una destrucción del Estado, tras la caída del régimen de Gadafi, que dejó un vacío de poder que sumió al país en una anarquía continua y conflictos permanentes.
  4. Después se toma posesión de sus recursos.

Los hombres no somos máquinas y no siempre la aplicación práctica es como se espera en la teoría. En cada caso, al igual que le pasó al Dr. Cameron en la aplicación de la metodología MKUltra, pueden aparecer imprevistos que modifiquen el plan previsto. Así, en Libia, no se impuso un modelo económico neoliberal claro y coherente. No hubo reconstrucción al estilo Irak con grandes contratos visibles. El caos fue tan grande que incluso los beneficiarios perdieron el control.  De hecho, el propio presidente estadounidense Barack Obama reconoció que la gestión posterior a la intervención en Libia como el "peor error" de su presidencia.

Esto lleva a una conclusión importante: Libia no se puede considerar un ejemplo “limpio” de doctrina del shock planificada, sino un shock que se intentó aprovechar con poca pericia y que posteriormente, cuando la ecuación coste/beneficio dejó de ser rentable, fue abandonado a su suerte.

No importa tanto si el shock fue provocado, sino que objetivamente fue utilizado para justificar transformaciones políticas profundas que habrían sido inaceptables sin ese contexto emocional

La doctrina del shock podría explicar el patrón psicológico aplicado por los interesados, como la reacción política al shock, la explotación del miedo o la rabia colectiva y la gestión adecuada del consenso social para hacer derivar los acontecimientos en el sentido esperado.

Siria

En Siria, la doctrina del shock se ha manifestado tanto en la destrucción bélica del país como en la reestructuración económica empleando la coartada del conflicto. La situación actual posterior a diciembre 2024, cuando cayó el régimen anterior de Bashar al-Asad ha marcado un cambio significativo, pero no el fin de la guerra.

El Shock

Siria estuvo en guerra debido a que las protestas civiles de 2011 contra el régimen de Bashar al-Asad, dentro del contexto de la Primavera Árabeinspiradas en otros levantamientos en el Magreb. Las protestas se centraron en la exigencia de reformas democráticas, libertad y justicia social contra el régimen autoritario de la familia Al-Asad. 

El gobierno sirio respondió con fuerza bruta a las manifestaciones pacíficas, lo que radicalizó a la oposición y llevó a la formación de grupos armados rebeldes, transformando las protestas en una guerra civil. 

La terapia

Según el manual de la doctrina de Shock, tras el golpe de efecto que deja bloqueada a la población, el siguiente paso es destruir las estructuras políticas, económicas y sociales previas. 

La terapia empleada en estas protestas fue el escalar a un conflicto armado, involucrando a múltiples actores internos (gobierno, rebeldes, grupos kurdos como las YPG) y externos (Rusia, Irán, Turquía, EE. UU., Israel, potencias occidentales). Cada agente aportó sus causas políticas, económicas, territoriales y sectarias, convirtiéndose en una compleja guerra civil que se internacionalizó por conseguir sus recursos, ganar influencia geopolítica y por el control territorial. 

Esta guerra civil ha generado entre 300,000 y medio millón de muertos y millones de desplazados. El conflicto finalizó con la caída del régimen de Asad en diciembre de 2024 tras una ofensiva rebelde.

Reacciones internacionales

Rusia, Irán y Hezbolá apoyaron al gobierno, mientras que EE. UU. y otros países respaldaron a diferentes facciones opositoras, convirtiendo a Siria en un campo de batalla geopolítico.

El surgimiento del Estado Islámico (EI) en Siria apoyado por Irak se mezcló con pretensiones nacionalistas de grupos kurdos (YPG) que luchaban por su autonomía en el noreste intentando crear un protoestado desde el cual comenzar a reclamar derechos en otros países cercanos como Turquía.

Obviamente, Turquía intervino para contener a los kurdos y proteger sus fronteras, mientras Israel atacaba posiciones iraníes, profundizando en la complejidad del conflicto.

Sectarismo religioso

Las tensiones entre suníes y chiíes se intensificaron, con Arabia Saudí apoyando milicias suníes y Irán (aliado chií de Asad) interviniendo por su cuenta.

La mayoría suní se levantó contra el régimen de Bashar al-Assad, de base alauita (una rama del chiismo). El conflicto adquirió un tono geopolítico, con Irán y Hezbolá (chiíes) apoyando al régimen, mientras diversas facciones suníes y potencias regionales respaldaban a la oposición.

Para hacernos una idea de las razones del conflicto y de la división suní-chií en Siria, el 60% de la población siria es suní mientras que el poder político y militar estuvo concentrado en la minoría alauita (aprox. 15%) bajo la familia Assad, apoyados por otras minorías chiíes.

La intervención extranjera estuvo polarizada por Irán y las milicias chiíes afines como Hezbolá desde el Líbano. Estas intervinieron activamente para mantener a Assad en el poder.

Los grupos suníes lideraron la oposición armada. Éstos incluían grupos rebeldes moderados y facciones radicales, como el Estado Islámico (ISIS) o grupos vinculados a Al-Qaeda, que buscaban derrocar al régimen.

La guerra provocó una profunda fractura religiosa, con desplazamientos de población y violencia que se entremezclaba a menudo con motivos confesionales. La guerra civil ha sido devastadora. 

¿Quid Prodest? 

Aunque el régimen de Asad cayó en diciembre de 2024, el país sigue dividido y en conflicto activo. El régimen sirio ha manipulado la ayuda humanitaria y la reconstrucción para consolidar su poder y asegurar la normalización con actores internacionales.

El shock de la guerra se ha utilizado para implementar cambios legales, como la Ley N.º 10 (2018), que permitió al gobierno confiscar propiedades de personas desplazadas sin compensación, facilitando la reconstrucción dirigida a intereses pro-régimen y excluyendo a la oposición.

Los esfuerzos de reconstrucción en Siria, especialmente tras los drásticos cambios políticos a principios de 2025, se han orientado hacia una rápida privatización de sectores públicos y servicios básicos, beneficiando principalmente a inversores extranjeros y élites empresariales vinculadas al nuevo poder de facto. 

Así, el nuevo gobierno de transición en Siria anunció planes radicales para desmantelar el sistema socialista anterior, privatizando empresas estatales, fábricas (incluyendo sectores de petróleo, algodón y muebles) y puertos, con el objetivo de convertir la economía hacia el "libre mercado".

La supervisión de todo el proceso se realiza bajo la atenta tutela de los poderes internacionales como el Banco Mundial.

Nadie quiere quedarse fuera del reparto del pastel. Así se han creado alianzas como la de Turquía y Arabia Saudita. Se están firmando memorandos de entendimiento con empresas extranjeras para proyectos de infraestructura, valorados en miles de millones de dólares.

Aunque se prometió una reforma, los acuerdos han involucrado a figuras de la antigua clase comercial, levantando sospechas sobre la reincorporación de élites empresariales amigas a la nueva estructura económica.

Estas políticas han generado preocupación por la pérdida de empleos en el sector público (con planes de despedir a un tercio de los empleados) y el aumento de las desigualdades, ya que la reconstrucción parece priorizar las inversiones de alto nivel sobre las necesidades básicas de la población.

La reestructuración económica y los acuerdos de privatización se han llevado a cabo con escasa transparencia, limitando la rendición de cuentas sobre los nuevos contratos milmillonarios

En resumen, la reconstrucción en la Siria post-2025 se está configurando mediante una "liberalización" acelerada que transfiere la riqueza del Estado al sector privado, a menudo a expensas de la población y en beneficio de redes de negocios privilegiadas. 

En la conferencia de 2025, titulada «Solidaridad con Siria: responder a las necesidades para una transición satisfactoria», la UE y sus socios se comprometieron a aportar una cifra total de 5 800 millones de euros, de los cuales, casi 2.500 millones de euros procedentes de la UE para 2025 y 2026.

Los fondos se utilizarán para apoyar la transición de Siria y la recuperación socioeconómica y la reconstrucción del país, así como para responder a necesidades humanitarias urgentes tanto en Siria como en las comunidades de acogida de Jordania, Líbano, Irak y Turquía.

Reflexión

El conflicto en Siria constituye la mayor catástrofe humanitaria y crisis de refugiados del mundo, sin parangón en la historia reciente. Hay 6,5 millones de personas desplazadas internamente y 4,3 millones de refugiados sirios registrados en países vecinos (Turquía, Líbano, Jordania, Irak y Egipto). 7 de cada 10 sirios necesitan ayuda humanitaria.

En Siria, 16,5 millones de personas necesitan asistencia humanitaria, y más de la mitad de la población carece de una fuente estable de agua. Un total de 9,1 millones de personas padecen inseguridad alimentaria. Tanto la desnutrición materna como la desnutrición aguda en niños menores de cinco años se encuentran en los umbrales mundiales de emergencia.

Uno de los problemas larvados que estallarán en el futuro es la presencia en Siria del Daesh y otros grupos terroristas representa una grave amenaza para el país, la región en general y el conjunto de la comunidad internacional.

El país sigue dividido entre el control del nuevo gobierno de transición, zonas controladas por milicias kurdas (FDS) y áreas bajo dominio de grupos rebeldes islamistas (como HTS), con foco en Idlib y el norte. La región sigue siendo un foco de tensión con ataques de actores como el EI y enfrentamientos entre fuerzas apoyadas por Irán y Turquía, lo que indica que el conflicto aún no ha terminado. 

Puntos en Común

En ambos países, Siria y Libia, el caos bélico ha suprimido la capacidad de reacción de la población, permitiendo cambios estructurales rápidos. Los esfuerzos de reconstrucción suelen estar orientados a privatizar servicios y sectores públicos, beneficiando a empresas extranjeras o élites locales vinculadas al poder. Ambas naciones han quedado sumidas en inestabilidad, con una destrucción significativa de su infraestructura y sociedad, dejando sus recursos como pago por los "servicios prestados".


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