Del AFI al infanticidio
El 24 de enero de 2023, Lindsay Clancy estranguló a sus tres hijos de 3, 5 y 8 años, con bandas elásticas de las que se usan para hacer ejercicio. Luego se cortó las muñecas y se arrojó por una ventana.
El conocimiento de su depresión postparto, sus pensamientos suicidas, la ansiedad de llevar adelante a una familia tan pequeña, el uso inadecuado de medicamentos y todos los añadidos que ustedes quieran, podrían afectar a su calidad de vida. Pero, por más miserable que sea mi vida, asesinar a quien yo creo que es la causa de mis males, como se ha visto, no soluciona mis problemas, sino que acaba acrecentándolos.
Este juicio ha suscitado una oleada de compasión y apoyo hacia la asesina, lo que, en la práctica, silenció las muertes violentas de sus hijos inocentes.
El aborto legalizado ha difundido una pedagogía siniestra de que lo que se está gestando dentro de una mujer no es un ser humano; degradando a los niños a ser un conjunto de células prescindibles, que convierte al ser humano que llevas dentro de un quien a un qué. El cruce de la sutil frontera entre ser humano o ser una amalgama de células vivas, siempre bajo el subjetivo criterio materno que nunca tiene en consideración los deseos paternos.
Esta pedagogía ha hecho que muchas personas hayan perdido la capacidad de sentir empatía por los inocentes. Así, se ha acabado considerando a las personas como ciudadanos de primera, las mujeres en periodo fértil, frente a los ciudadanos de segunda, los seres humanos en fase de gestación, cuyos derechos y bienestar son secundarios frente a las necesidades subjetivas de las primeras.
De poder matar a sus hijos no nacidos en el vientre materno, siguiendo la ventana de Overton, su pendiente resbaladiza ha dado paso al siguiente tabú a derribar: el asesinato de niños ya nacidos. El caso Clancy ya se ha relacionado con varios casos de asesinatos por imitación. Es lo que tiene la técnica de control social de la pendiente resbaladiza: todos se fijan en el primero que resbala, pero nadie se da cuenta que detrás, vienen muchos más:
- Los fiscales han alegado que Corrie Walsh, una madre de Illinois, mató a su hijo de dos años después de haberse involucrado profundamente en el seguimiento del juicio por asesinato de Lindsay Clancy. Walsh había estado «hablando activamente del caso» en un chat grupal apenas tres horas y media antes de que su hijo fuera encontrado ahorcado en el sótano.
- El 6 de agosto, Kailey Erhart presuntamente apuñaló a sus tres hijos; dos de ellos fallecieron tras ser trasladados al hospital. Al parecer, un video obtenido del teléfono de su esposo muestra a Erhart sosteniendo una pistola y a uno de sus hijos, diciéndole: «Despídete de tus hijos». Sin embargo, eso no es considerado violencia vicaria, ni de género, a pesar de que ella era mujer fuerte y sus hijos eran niños pequeños.
- Preston Davey, un niño de 13 meses asesinado por su «padre» homosexual. El agente de policía que dirigió la investigación afirmó que a Preston lo trataban como a un «accesorio de moda» y como parte del estilo de vida «apto para Instagram» de sus «padres» homosexuales. Mientras tanto, a puerta cerrada, lo sometieron durante meses a repugnantes abusos sexuales, físicos y emocionales que le causaron la muerte.
Demasiados adultos ven a los niños como mercancías, no como dones de Dios. Estas son las consecuencias lógicas de descender, durante años, por la pendiente resbaladiza de mercantilización de los niños. Una sociedad en la que culturalmente se ven más a los hijos como "cosas" que generan "cargas" o como complementos de mis necesidades existenciales. Para evitar las "cargas" dejamos de tener hijos o los reducimos a una única carga/hijo. O bien los tenemos por capricho o por imagen o por necesidades de querer sentir "experiencias" como ocurre con las mujeres que congelan sus óvulos para más adelante, o se inseminan justo antes de que acabe su edad fértil.

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