Islamización culinaria
Ejemplo de menú vegetariano y halal en un CEIP
Recientemente, el gobierno de España pretende formalizar un real decreto donde establecer los criterios que, según ellos, fomenten una alimentación saludable y sostenible en centros, tanto públicos como privados, para personas dependientes o con necesidades especiales.
Visto así, da la sensación de que va dirigido a hemofílicos, ancianos con dietas especiales, personas que tienen alergias alimentarias a frutos secos o gluten o la lactosa. Es decir, cuestiones todas ellas relacionadas con la salud y justificadas médicamente porque si no se adoptan, podrían afectar gravemente a la salud del comensal.
La pregunta que uno se plantearía es, ¿acaso eso no se estaba haciendo ya y desde hace años? ¿A qué viene ahora un "real decreto" que evite el paso por el parlamento? Simplemente esta propuesta legislativa ya debería erizarnos el pelo político y ponernos en guardia.
El documento consta de 84 hojarascas llena de farfalla y petulancia que secuestra las recomendaciones técnicas de la agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición y utiliza como coartada a la desnutrición, sobrepeso y obesidad, a la demencia, depresión, problemas de masticación y disfagia o ingesta oral deficiente, alergias, intolerancias... todo bien trufadito de vocablos escritos en perfecta neolengua del neocredo climático como, por ejempolo, perlas como esta:
"La Unión Europea (UE) ha plasmado su compromiso para garantizar que los sistemas alimentarios sean más sostenibles, saludables, resilientes, responsables y respetuosos con el uso de recursos naturales limitados en el marco político Food2030, donde «Sistemas alimentarios que apoyen un planeta sano» es uno de sus cuatro pilares."
o esta otra que tampoco tiene desperdicio:
" la Comisión Europea aprobó en 2020 el Pacto Verde Europeo que supuso la base de planes y estrategias como el “Plan de Acción de Economía Circular”, la “Estrategia de la Granja a la mesa” y la “Estrategia sobre la biodiversidad” en pro de un sistema alimentario equitativo, saludable y respetuoso con el medio ambiente."
Cualquier coartada es buena para camuflar el atropello y bajar la guardia para que te tragues un real decreto con bicho dentro.
Les ahorro más farfalla y vamos directamente al grano.
Halal
Si acceden ustedes a la página 45 en mitad del documento, aparece la típica hojarasca asumible de disminuir productos procesados y ultraprocesados; con bajo valor nutricional como la bollería, zumos industriales, refrescos, etc.; la restricción del uso sistemático de alimentos precocinados; la promoción de los alimentos frescos, mínimamente procesados y cocinados in situ, priorizando técnicas culinarias saludables y limitando las frituras...
Sin embargo, como el que no quiere la cosa, aparece camufladito el punto:
"Respetar la diversidad ética, cultural o religiosa. Flexibilidad en los menús, permitiendo opciones 100 % vegetales (menús veganos), sin gluten, halal, sin lactosa o adaptados a otras necesidades específicas, sin sobrecoste para el usuario (tanto en menús como en cafeterías)."
Y aquí es donde viene la madre del cordero. Si ustedes llegan a soportar la soporífera y farragosa redacción del borrador hasta la página 72 del documento, podrán leer la siguiente perla:
"...además de garantizar menús que respeten la diversidad cultural y religiosa (halal, vegetarianos) como estrategia de convivencia."
La redacción lo deja claro:
- El redactor de la ley ha tenido un lapsus freudiano y ha especificado halal y vegetarianos, de manera excluyente para el resto de "religiones".
- Reconoce que el vegetarianismo y el halal son requisitos de religiones no mencionadas en todo el documento (no aparece ni una vez mencionado el islam, ni musulman, ni mahoma), el Islam y la religión climática.
Se reconoce explícitamente en el documento que esta norma se ha generado como "estrategia de convivencia". Es decir, que implícitamente se reconoce la beligerancia de los seguidores de estas dos religiones y el retroceso del estado en esta batalla cultural frente a sus exigencias con el fin de facilitar la convivencia con quien, crecido por este reconocimiento, pasará a la siguiente fase de caprichos que tendremos que pagarles todos de nuestros bolsillos.
La dieta Halal se basa en el consumo de alimentos permitidos por la ley islámica, la Sahria y que viene especificada en su libro sagrado (Corán). esta dieta debe de estar libre de productos prohibidos (haram) como el cerdo, la sangre y el alcohol.
Los animales deben ser sacrificados mediante el método dhabihah, en el que el animal que se sacrifica debe de estar vivo y sano; debe de ser sacrificado por un musulmán mediante un corte rápido en la garganta con un cuchillo afilado, permitiendo el desangrado total, debe de hacerse de cara hacia la Meca, invocando el nombre de Dios y garantizando un desangrado completo para asegurar la pureza.
Análisis
El hecho de que los voceros del régimen hayan reaccionado inmediatamente tirando cortinas de humo sobre el tema ya es motivo para estar en contra. Pero es que la cortina de humo no desmiente lo indicado anteriormente y que ustedes pueden comprobar en los enlaces indicados anteriormente.
Efecto pedagógico
El gobierno de España, en su afán por satisfacer las exigencias de quienes inmigran a nuestro país, obligará próximamente a que los menús que se ofrezcan en centros públicos y privados que dependen de los presupuestos públicos, cumplan con las condiciones de la dieta islámica.
Utilizar mis impuestos, pagados por quien está en contra de este tipo de políticas, para avanzar en unas políticas que no fueron avisadas en los programas electorales de aquellos que les votaron y mucho menos los que no les votamos genera una injusticia impropia de las funciones de gobierno y corresponde a agendas externas y ocultas que se nos imponen, muy posiblemente coaccionadas por chantajes provenientes de reyezuelos musulmanes del sur, que tienen en su poder la llave de la continuidad política de quienes generan estas leyes inicuas.
Lo que comienza siendo una imposición sólo en el ámbito público bajo la coartada de “favorecer la convivencia”, promover la diversidad y fomentar una cultura que nos es extranjera, acabará desplazando así a los hábitos alimenticios de profunda raíz católica que tenemos en España.
Islamización
Las exigencias del menú halal, en la práctica, requieren de un sello de certificación que garantice la ausencia de ingredientes no permitidos y evite de la contaminación cruzada con alimentos impuros o contaminados religiosamente. Y eso lleva su sobrecoste respecto de no hacerlo.
Por lo tanto, toda la cadena de crianza y distribución debe de estar certificada porque si el animal ha sido alimentado con piensos que provienen de restos alimentos impuros, tampoco vale. Si se han elaborado sin seguir el ritual, tampoco; si se han mezclado con productos "contaminados" tampoco vale. Por lo tanto, se garantiza que esta industria recaiga sólo en manos de musulmanes, excluyendo al resto de operarios de otras religiones y estableciendo un monopolio excluyente por naturaleza que garantiza ingresos al Islam, especialmente si estos adicionalmente provienen de infieles a los que se les sisa ladinamente el sobrecoste de este sistema en forma de incrementos de precios en sus menús.
Las medidas indicadas en este proyecto de Real Decreto vendrán a instalar, consolidar y multiplicar toda la industria alimentaria halal en España, un país en el que jamás hemos necesitado este tipo de instalaciones ni hemos requerido jamás de este tipo de productos.
Esta cadena de producción adicionalmente sólo recaerá en manos musulmanas, excluyendo de ella a todos los demás ciudadanos por motivos puramente religiosos, lo cual va en contra de nuestra constitución. Si se permite esto, será el comienzo de nuevas concesiones a un colectivo cada vez más crecido y exigente.
Esta fuente de ingresos contribuirá a afianzar y propagar el islam en España.
Precedentes
Si esto se consiente para los musulmanes, se plantean muchas derivadas adicionales como la exigencia de presentar menús que no contengan carne los viernes de Cuaresma. Y es que, actualmente, los padres no pueden elegir un menú que excluya la carne los viernes. Esto genera agravios comparativos tan insultantes como injustos. Máxime cuando los católicos no restringimos ningún animal, no exigimos que sean sacrificados de ninguna manera especial, y sin embargo, las familias que desean que sus hijos no coman carne estos días no tienen forma de indicarlo.
Si esto va de inclusión y de respeto, queremos que todas las religiones, también la nuestra, cuente con su apartado.
Simplemente desplazar el menú de verduras y pescado a los viernes de Cuaresma, en lugar de poner ese menú los martes, por ejemplo, no modifica ni la infraestructura, ni el presupuesto de catering del colegio. En todo caso, es simplemente una gentileza del planificador de menús.
Agravios comparativos
Bajo la coartada de respetar la diversidad ética, cultural o religiosa, se exige la flexibilidad en los menús, permitiendo opciones 100 % vegetales (menús veganos), sin gluten, halal, sin lactosa o adaptados a otras necesidades específicas, sin indicar cuáles.
Por lo tanto, ¿bajo qué pretexto se podrá negar el colegio a no ofrecer un menú sin carne los viernes de Cuaresma? ¿Deberán adicionalmente ofrecer menús hindús sin carne de vacuno? ¿Y los pastafaris? ¿Tendrán también derecho a comer pasta todos los días? ¿Y los colectivos animalistas? ¿Los veganos? ¿Y si yo considero que mi hijo tiene una necesidad específica de comer carne Angus?
Por lo tanto, cualquier necesidad específica que yo sienta, deberá ser suministrada por el servicio de comedor, por estrafalaria que sea sin sobrecoste para el usuario. Y esta perversión, en la práctica conlleva a que los sobrecostes de mi capricho deben de ser repartidos como costes adicionales al resto de comensales para que todos paguemos lo mismo. La división entre las familias en el colegio está servida.
Para gustos colores. si hay gente que quiere esas excentricidades, que se lo pague de su bolsillo. Es como quien quiere que su hijo sólo coma carne Angus, pues que pague el suplemento de lo que cuesta esa carne y de lo que conlleva mantener toda la infraestructura logística para que su hijo se coma esa carne. Si la familia "afectada" está dispuesta a asumir el coste de mantener esos caprichos, allá ellos, pero que no me lo intenten imputar a mi ni a mis hijos a la fuerza y menos por ley.
Quiero decir, que en el caso de intolerancias físicas, que suelen ser excepcionales, como el menú sin gluten o sin lactosa, que están justificadas por cuestiones médicas, el Halal no tiene más justificación que las creencias anodinas de sus seguidores o el capricho mental de quien quiere restringirse a una dieta vegana disponiendo de colmillos que delatan el diseño carnívoro de su cuerpo. Cada palo, que aguante su vela, suponiendo que exista capacidad para podérsela ofrecer.
Efectos colaterales
Sin embargo, ofrecer menús Halal incrementa significativamente los precios por la forma en la que toda la cadena de cocina debe modificarse. Por ejemplo, en la misma olla en la que has cocinado un potaje de garbanzos a los que has añadido unos chorizos o algo de panceta, no puede ser utilizada después para cocinar un guiso halal porque el dispositivo ha sido utilizado para cocinar alimentos impuros.
Esto es análogo a las exigencias de cocinar sin gluten y lleva en la práctica a que en determinadas pequeñas infraestructuras no se pueda ofrecer estos caprichos y que finalmente se tengan que cerrar o "convertir al islam" excluyendo de la dieta todo lo que sea haram. Es decir, que al final, la cocina se islamiza y acaba convirtiéndose en otro vector de propagación del Islam.
Otra solución es contratar esta comida a caterings externos especializados en este tipo de comida y traerlos explícitamente desde fuera, por lo que la amortización de la infraestructura de cocina se reduce, encareciendo más los precios del resto de menús.

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