Si vosotros calláis, hasta las piedras hablarán por vosotros
Noelia Castillo Ramos, decidió dejarse asesinar para huir de una vida que la había maltratado. Ella ya no puede hablar. Está muerta, pero el mensaje que dejó en su lápida habla con mucha más claridad y elocuencia que todas las entrevistas que le realizaron. Un pequeño análisis de la lápida da mucha luz sobre su caso.
Noelia padecía Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) que se caracteriza por un comportamiento reincidente en el tiempo en el que se muestra inestabilidad emocional, impulsividad, alteraciones en la autoimagen y dificultades en las relaciones interpersonales. Presentaba una intensa reactividad emocional y un profundo miedo al abandono. Como consecuencia, también tenía TOC y había tenido intentos suicidas anteriormente. En uno de esos intentos de suicidio quedó parapléjica y con dolor físico.
Desviando el foco de la atención
Una historia de fracasos institucionales que la propia institución ha querido tapar matando al perro para acabar con su rabia. Una forma chusca de quitar las responsabilidades al estado que fue el causante de no atender a la enfermedad psíquica de Noelia, de dejarle sola a merced de sus violadores, de no atender su trauma y tras dejar que todo desembocara en otro intento de suicidio con resultado de tetraplejia, vuelve a dejar a la gallina de Noelia bajo las garras del médico zorro interesado más en sus órganos que en Noelia.
Ingeniería social
Y de paso, dar un aviso a navegantes, banalizar el procedimiento y reforzar el cambio de paradigma que consiste en cambiar el límite ético de la muerte a presentarlo como una más de las opciones (de momento) en esta pendiente resbaladiza que nos llevará, tarde o temprano a presentar la muerte como única opción viable. Que nos lleva de dar una terapia psicológica para intentar cambiar las ideas suicidas de Noelia a presentarla como una persona madura, equilibrada y responsable de sus decisiones. La conversión de ¡l hombre que no es Dios y por lo tanto, dueño de su vida, sino su gestor; al hombre-Dios, al superhombre de Nietzsche que decide cuando morir ya que no ha podido decidir cuándo nacer, quienes serían sus padres, su familia, el lugar de nacimiento y tantísimas otras cosas.
Un paso más en el itinerario de cambio social estipulado por los ingenieros sociales que es aceptado con total sumisión por esta sociedad de esclavos agradecidos.
Elocuencia de las piedras
Cerca ya de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría, se pusieron a alabar a Dios a grandes voces, por todos los milagros que habían visto. Decían: «Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas.» Algunos de los fariseos, que estaban entre la gente, le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos.» Pero Jesús les respondió: «Os digo que si éstos callan gritarán las piedras.» Lc 19, 37-40
En este sentido, es muy interesante analizar la lápida de Noelia que ha compartido su madre, Yolanda Ramos a tres meses de su muerte. Las imágenes fueron difundidas a través de su cuenta de Tik Tok.
Todo el diseño, epitafio, tipo de material empleado... todo fue pensado por Noelia y, por lo tanto, forma parte de una voz que ya nunca más podrá ser escuchada porque está ya silenciada para siempre. Pero aunque ella calle, seguirá gritando su lápida.
Analicemos los detalles que muestra ya que indica hacia dónde quería ella llevar nuestro foco de atención. Sin embargo, casi que lo más importante es lo que no nos quiera mostrar, aquello en lo que no quiere que nos fijemos nuestra atención que es mucho más elocuente que la superficialidad naif de su lápida.
Color y material
Destaca en primer lugar el color rosita pálido del material (porcelanato en color rosa palo) empleado para su construcción. Es el rosita infantil amable que recuerda la piel fina de un recién nacido, de un niño de corta edad. Es la proyección exterior de lo que era ella interiormente. Una niña atrapada en un mundo hostil, en un cuerpo adulto de mujer que todavía seguía anclada en su infancia mental. No era un morado feminista adulto; ni un negro desesperanzado; ni un blanco que denotara pureza espiritual. Este detalle infantil se refuerza por el diminutivo empleado para indicar los añitos que tenía la niña cuando murió.
Corazones
En la lápida aparecen dos corazones muy juntos, debajo de su foto enmarcada. Uno es el de ella y el otro el de su madre.
¡Qué duro debe de ser para su madre tener que recoger obligatoriamente el corazón de una hija que no ha querido mantenerlo vivo a su lado! Un corazón que vio nacer, que crió, que vio desarrollarse para, al final, no llegar a ningún lado tras recorrer una vida de sufrimiento, provocado en parte por ella misma. ¡Qué sensación de fracaso vital! Esta imagen bucólica no es más que una mentira edulcorada de color rosa pálido. Ella no deja ningún corazón en la Tierra. Ella precisamente lo que hace es arrancarlo voluntariamente, sin necesidad, de al lado del corazón de su madre. Lo que queda es un enorme desgarro vital... para SIEMPRE. Porque su madre ya no tendrá a su lado el corazón latente de su hija, sino el recuerdo de lo que pudo ser y ya nunca será. El color morado de tejidos muertos no sólo indica la muerte de ella, sino también la muerte de corazón de su madre, que quedará muerto, pero unido, al corazón de su hija. Este es el legado que realmente deja Noelia. El rastro de destrucción y sufrimiento que comenzó con su vida, que pudo haber superado y que, sin embargo, decidió prolongar más allá de su muerte tras su asesinato consentido.
Flores
En esa vida hay unas flores que intentan ofrecer sus fragancias, la belleza de sus pétalos, la lozanía de una vida en plenitud que ha alcanzado su zénit. Unas flores que serían tentadoras para cualquier mariposa, pero que Noelia desdeña, deja atrás, en la vida. Porque ella se siente atraída por otras flores que nosotros no vemos, que no se pueden encontrar en esta vida. Noelia, en su mirada más allá, percibe más arriba, fuera ya del marco vital de la lápida y tras las cuales ella huye, dejando atrás la vida.
Una metáfora del apellido de su madre. Un ramo de flores que no fue suficiente para atraerle y justificar que permaneciera en la lucha, aquí en la Tierra.
Mariposas
Destacan también la presencia de mariposas, que representan a sus dos hermanas y a ella misma.
Representación metafórica de sus dos hermanas
Destacar que en la lápida, no sólo están estas dos mariposas, sino que arriba, justo encima del nombre de Noelia y al lado de su foto enmarcada, hay otra mariposa que, por su posición asociada a Noelia, debe de representarle a ella.
Es interesante observar que la orientación de todas las mariposas van hacia arriba, hacia el cielo. La altura donde se han representado las hermanas, insinúa que ellas están abajo, en la Tierra. Una posición que indica que todavía les queda mucha altura que tomar, dando a entender que todavía les queda mucha vida por delante. En cambio, la altura a la que se encuentra su mariposa, casi se sale ya del marco de la lápida, que representa la vida. Una vida terrena que comienza desde abajo y que acaba arriba. En esa vida es donde se queda su corazón muerto, junto al agonizante de su madre.
La mariposa de Noelia toma altura por encima de "todas las cosas" que deja debajo, en la vida representada por la lápida.
Ella, que se había sentido a lo largo de su vida como una miserable oruga que había comido hojas de árboles que no le tocaban, quiso cubrirse con un capullo de cacotanasia, donde dar muerte al gusano rastrero que ella creía que era. Un capullo que transformaría su vida en una nueva realidad en forma de mariposa con la que volar, huir de un mundo injusto con ella y que ella ya no deseaba.
Pero la realidad es que Noelia no era una mariposa que vuela hacia el cielo tras una vida de búsqueda de mejores flores que las encontradas en esta. Es una mariposa que cae muerta por el insecticida lanzado en forma de anestesia por un asesino vestido de bata blanca. Una mariposa que, lejos de revolotear hasta la vida eterna, cae como un bicho cuyo cuerpo es rápidamente retirado de la vista de una opinión pública que sólo quería el espectáculo, pero no las basuras que éstos generan.
Epitafio
Abajo del todo en la lápida, se encuentra su epitafio que dice así: "No puedo encontrar afuera, lo que me falta adentro".
Todos somos Noelia. Todos estamos incompletos. San Agustín decía en sus escritos: "Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti".
Lo que sentía Noelia no difiere de lo que pueda sentir yo. En su dolor, en su historia, se puso de manifiesto, de una manera mucho más vívida esta sensación de vacío interior que sentimos todos los que hemos sido arrojados a la vida. La falta de sentido, el no saber responder a la pregunta "¿Para qué?" muchas veces ocultada por la pregunta "¿Por qué?"
No existe diferencias entre Noelia y nosotros porque todos, Noelia incluida, estamos obligados a responder a la pregunta. La diferencia entre ella y nosotros es que nosotros seguimos en la lucha, seguimos en la vida, no la abandonamos. Tenemos la esperanza de poder encontrar una respuesta. Seguimos buscando. Queremos saber. Ella abandonó la búsqueda. Ella tiró la toalla.
Un alegato a todos nosotros para que busquemos a nuestras Noelias en los vecinos de nuestra finca, en los trabajadores más humildes de nuestra empresa, en los youtubers y tiktokers más deseados antes de que acaben con su vida. Ser portadores de esperanza en un mundo que ha puesto sus anhelos en alimentos que no perduran ni sacian.
Lo que no se menciona
Muchos detalles profundamente significativos hay en cada trozo de esta lápida, pero mucho más significativos son los contenidos de los que ella quiere quitar el foco. Tal vez esto sea lo más relevante de todo.
En esta lápida, todo es un topicazo femenino inmaduro. Desde el color rosa elegido para la lápida, las mariposas que representan a sus hermanas y a ella misma, las flotes, los corazones unidos de ella y su madre... Pero... ¿dónde está su padre? El lazo afectivo y emocional de una mujer con su padre es posiblemente una de las fuerzas más poderosas de la vida. Un vínculo que perdura más allá de la vida misma. ¿Cómo es posible que ni siquiera aparezca?
El rechazo a la figura masculina que tanto daño le hizo en un pasado de abusos sexuales, la ausencia de un padre que, a raíz de la separación de sus padres, cuando ella era niña, la custodia compartida desencadenó en ella un periodo muy inestable y una “caída libre hacia la desesperanza”. A partir de ese momento, la relación con su padre se deterioró, al grado que las interacciones eran cada vez más escasas, en las cuales Gerónimo, el padre, prefería pasar el tiempo bebiendo alcohol.
El hecho de que su padre luchara para que ella no se dejara asesinar, les separó todavía más. La falta de empatía, la percepción de que su padre no le quería y de que no le importaba fue una de las razones principales por las que ella quiso acabar con todo.
No aparece ni siquiera como una figura del mal o como algo denostable. Ni siquiera ya le odia. Simplemente lo obvia. Su relación ha quedado tan destruida que ya es insensible. Como si estuviera carcomida por la gangrena o estuviera ya literalmente muerta. Como dice el refranero español, no hay mayor desprecio que no hacer aprecio.
Por lo tanto, debemos entender que la infantilización en la que vivía debió de ser fruto de la relación materna, entre otras cosas.
El epitafio es demoledor: "No puedo encontrar afuera, lo que me falta adentro". Si hubiera intentado encontrar al Señor, Él se habría hecho el encontradizo y habría enjugado todas las lágrimas de sus ojos, y habría quitado de ella la búsqueda de la muerte, habría consolado su llanto, alejado los gritos y las fatigas, porque el mundo viejo ha pasado. Y entonces el que está sentado en el trono le habría dicho: «Mira que hago tu mundo nuevo.», porque estas son palabras ciertas y verdaderas. Ap 21, 4-5
Pero nadie se lo dijo, nadie la habló de Dios, ni ella vio en Él su salvación. En su epitafio no hay ángeles custodios. No esta Dios. Es todo un escenario hueco de cartón-piedra, sin más contenido que unos tópicos propios de Tik-Tok, metáforas que se han convertido en una extraña mueca patética de Joker.
Si hubiera entrado en un convento, al menos podría haber salido de él. Del ataúd, ya jamás podrá hacerlo.



Comentarios
Publicar un comentario
Deja aquí tus comentarios a esta entrada