Doctrina de Shock. Los desastres naturales

Chernobil, 30 años después

En el libro The Shock Doctrine (2007), su autora, Naomi Klein, sostiene que las élites políticas y económicas aprovechan crisis profundas para imponer políticas que, en condiciones normales, serían socialmente inaceptables. El impacto traumático genera desorientación emocional en un primer instante que consigue debilitar la capacidad de resistencia colectiva. Este fenómeno transitorio exige la urgencia de una solución que se propone como prácticamente única, obligando a asumir a la sociedad impactada decisiones excepcionales que, en circunstancias normales, no se admitirían.

Naomi Klein analiza principalmente shocks agudos como golpes de Estado, guerras o desastres naturales.

Del shock puntual al shock climático permanente

Más adelante, la autora  escribió un nuevo libro titulado This Changes Everything (2014) que permite observar a la crisis climática como un impacto traumático definitivo, prolongado y acumulativo. Es decir, que la crisis climática no produce un solo shock, sino una sucesión ininterrumpida de desastres, más o menos locales, más o menos intensos y que generan tensiones sociales de forma permanente e insidiosa. Un caso paradigmático es el del maremoto del océano Índico del 2004.

El maremoto del Índico de 2004

El 26 de diciembre de 2004, un terremoto de magnitud 9.1 frente a Sumatra generó un tsunami que causó más de 230.000 muertes en 14 países, especialmente Indonesia, Sri Lanka y Tailandia.

Este sismo, uno de los más potentes registrados, liberó tanta energía que provocó olas de hasta 30 metros de altura que arrasaron comunidades costeras. Su epicentro se localizó cerca de Banda Aceh, Indonesia. Fue un sismo de subducción entre las placas India y Birmana. Ocurrió a las 07:58 hora local (UTC+7).

El maremoto fue el más mortífero de la historia moderna, alcanzando lugares tan distantes como Sudáfrica. Más de 1,7 millones de personas quedaron sin hogar. La catástrofe destruyó muchas infraestructuras, siendo el turismo y la pesca sectores gravemente afectados.

Naomi Klein analiza este caso en el capítulo 19 titulado DESPEJANDO LA PLAYA, la cual señala que, tras el desastre, muchas comunidades pesqueras fueron expulsadas de las costas, se suspendieron derechos de propiedad tradicionales, se impusieron planes de reconstrucción al más puro estilo neoliberal, se prohibió a los habitantes regresar a las tierras que tradicionalmente habían estado habitando durante siglos y se privatizaron zonas costeras para turismo de lujo.

La ayuda humanitaria en la práctica cotidiana y en concreto en Sri Lanka tras el desastre del tsunami de 2004 generó complejas interacciones entre los actores humanitarios, los diferentes tipos de políticas y las alianzas humanitarias. Los relatos de las prácticas y los dilemas cotidianos que enfrentan las ONGs de ayuda humanitaria difieren notablemente en la práctica de las expectativas previas. 

Y todo esto se fue asentando mientras la población estaba en duelo por los hechos acaecidos, sin recursos que les permitieran sobrevivir por su cuenta, desorganizada y dependiente de la ayuda oficial. Resumiendo, se implementaron reformas que llevaban décadas bloqueadas políticamente y que fueron ejecutadas con una celeridad sospechosa.

Klein señala que el maremoto fue utilizado para completar una limpieza económica que nunca se habría aceptado democráticamente. Es un ejemplo paradigmático de uso y aplicación de la doctrina del shock: en primer lugar acontece un shock traumático que produce una gran desorientación social con la suspensión de derechos e imposición de políticas que en otras circunstancias no se habrían aceptado.

Si bien el maremoto no fue provocado, sí que fue conscientemente aprovechado, activando planes previos que no habían podido ejecutarse anteriormente.

Crisis climática como impacto traumático permanente

En This Changes Everything (2014), Klein afirma que la crisis climática es el mayor impacto al que se está enfrentado la humanidad, y el capitalismo del desastre pretende sobrevivir explotándolo siguiendo un esquema BAU; Business As Usual.

Klein señala varios aspectos que pueden aparecer en la gestión del desastre basándose en comportamientos que han ocurrido anteriormente. En este sentido ella pone de manifiesto el paso de la gestión pública del agua a manos privadas, el uso de la fuerza del estado mediante la movilización del ejército militarizando fronteras climáticas, la creación de "zonas de sacrificio" y Olimpos para sus nuevos dioses en zonas seguras, con infraestructuras y refugios solo para estas élites.

El concepto de zonas de sacrificio hacen referencia a territorios, con sus respectivas comunidades humanas asentados en ellos. Normalmente tribus ancestrales indígenas o con bajos ingresos ajenas a la explotación capitalista que los margina.

Típicamente suelen ser deliberadamente envenenados, contaminados o destruidos en nombre del "progreso" económico. Es el mismo planteamiento que ya se realizó en la conquista del oeste español civilizado, lleno de comunidades indígenas, en norteamérica, expulsando a los sobrevivientes a reservas en territorios marginales y de escaso valor para los conquistadores anglosajones.

El sistema extractivo de los recursos clasifica a ciertas personas como inferiores, haciendo aceptable el envenenamiento de sus hogares para el beneficio de la "gran humanidad" o el crecimiento económico. Klein menciona ejemplos como el "Callejón del Cáncer" en Luisiana, las arenas bituminosas en Alberta (Canadá), los campos de petróleo en Nigeria, el "Chernobyl de la selva" de Chevron en Ecuador u otros desastres como el de Fukushima y su posterior recuperación posterior o el desastre de Chernobil donde la causa inmediata del accidente fue una prueba de turbina fallida, pero esto no fue más que una consecuencia inevitable de la naturaleza del sistema político soviético, donde habían deficiencias de la industria nuclear soviética debidas el carácter autoritario del régimen comunista, el control que este ejercía sobre la información científica y su énfasis en el desarrollo económico por encima de las preocupaciones ecológicas y humanitarias.

Estudios posteriores basados en la tesis de Klein incluyen el "extractivismo verde", donde lugares son arruinados para extraer litio, níquel o cobalto necesarios para la transición energética, perpetuando el mismo modelo extractivista capitalista. Klein utiliza este concepto para demostrar que la crisis climática no es solo un problema técnico de emisiones, sino una crisis de valores provocada por un sistema económico que considera a ciertas personas y tierras como desechables. Es lo que el Papa Francisco denominó la cultura del descarte.

A rio revuelto, ganancia de pescadores

En español hay dos refranes que identifican actitudes depredadoras frente a la adversidad de los otros.

El primero dice que "A rio revuelto, ganancia de pescadores". Cuando la situación es caótica en un grupo humano (peces) del que se desea sacar provecho, siempre hay advenedizos (pescadores) dispuestos a sacar tajada del caos en detrimento siempre de los peces que representan a la sociedad o grupo de personas de las cuales se va a aprovechar. El rio puede estar revuelto de forma natural en la época del deshielo, tras unas fuertes lluvias o puede provocarse el revuelo tirando cartuchos de dinamita al rio, soltando agua en tromba desde una presa aguas arriba.

El segundo refrán dice que "Del árbol caído, todo el mundo hace leña" indicando que siempre hay gente (leñadores) dispuesta a sacar beneficios de las desgracias de otros (árbol caído). El árbol puede haberse caído debido a circunstancias ajenas a los leñadores como vientos huracanados, a que se ha muerto el árbol por viejo y se cae por sí solo o bien directamente por la intervención deliberada y consciente de los propios leñadores que han ido socavando la base del árbol a base de pequeños hachazos hasta que finalmente el árbol cae. Ambos refranes antiguos escenifican muy bien la doctrina de Shock que expone Naomi Klein en su libro del año 2007. 

En el caso de los desastre naturales como terremotos, maremotos, incendios devastadores, inundaciones o de cualquier otra índole, estaríamos ante el caso de árbol caído por causas ajenas. En el caso de la doctrina de Shock de Naomi Klein, no es necesaria la existencia de una conspiración climática, pero sí se afirma que existen actores que esperan el desastre. Sería el caso de la existencia de leñadores profesionales esperando la caída natural de árboles tras el paso de grandes tempestades, inviernos especialmente duros...

Es legítimo que estos leñadores posean planes preconcebidos listos para ser activados y se aprovechen de la urgencia para sustituir el debate sosegado por la reacción urgente e irreflexiva que siempre beneficia a los leñadores/pescadores. No se provoca el desastre, pero se gobierna a través de él.

Los desastres naturales como marco del capitalismo del desastre

Los desastres naturales cuando acontecen como una secuencia acumulativa de impactos traumáticos, sería el caso del CoViD'19, el Volcán de la Palma y la barrancada de Valencia del 2024, pueden situar a las sociedades afectadas en un riesgo estructural permanente en el que el capitalismo intentará sobrevivir explotando las diferentes crisis producidas.

Tampoco se puede convertir al capitalismo en un demiurgo infalible que siempre ganará en estas circunstancias a costa del empobrecimiento de las sociedades afectadas. A los leñadores se les puede caer el árbol encima mientras intentan talarlo; pueden producir un incendio que acabe calcinándoles  a ellos también. Los riesgos que corren los leñadores o los pescadores son menores que el de los árboles a talar o los peces a pescar. Junto con los peces agitados, puede salir también depredadores asesinos como cocodrilos que comen pescadores o tempestades que no sólo afectan a la agitación del río sino que también afectan a la salud física de los pescadores.

Es decir, que los desastres naturales no sólo son escenarios de potencial aprovechamiento por parte del capitalismo del desastre sino que también constituyen una amenaza existencial para el propio sistema

Respuesta social frente al desastre

Cada año, los desastres naturales amenazan la fortaleza y la estabilidad de comunidades de todo el mundo. La recuperación tras estos desastres varía enormemente y de maneras que no se explican por la magnitud de la catástrofe, ni por la cantidad de ayuda proporcionada por los gobiernos nacionales o la comunidad internacional.

La diferencia entre resiliencia y deterioro, reside en la profundidad del capital social de las comunidades. Este capital social muestra la capacidad de una comunidad para resistir desastres y reconstruir tanto la infraestructura como los vínculos que son la base de cualquier comunidad. Comparando los desastres de Tokio tras el terremoto de 1923, Kobe tras el terremoto de 1995, Tamil Nadu tras el tsunami del Océano Índico de 2004 y Nueva Orleans tras el huracán Katrina, se concluye que, aquellas comunidades con sólidas redes sociales, lograron coordinar mejor la recuperación.

Además de difundir rápidamente información y asistencia financiera y física, las comunidades con un amplio capital social lograron minimizar la migración de personas y recursos valiosos fuera de la zona. Ante la creciente sobrecarga de los gobiernos y la probabilidad de que los desastres naturales aumenten en frecuencia e intensidad, es más importante que nunca comprender a fondo qué contribuye a una reconstrucción eficiente. El desarrollo de la resiliencia es un componente crucial de una respuesta eficaz.

Si no hay una resiliencia y tejido social fuerte las fuerzas que se avalanzan sobre las víctimas seguirán aplicando su esquema depredador BAU adaptando su esquema explotador.

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