Ladran, luego avanzamos

Se supone que el periodismo siempre se ha representado como el cuarto poder, cuya función principal es la de controlar los desmanes autoritarios de los otros tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Y esto es especialmente significativo en el caso del periodismo de investigación.

Esos medios de comunicación dependen del dinero que puedan obtener por la vía de la publicidad para poder ejercer correctamente su función.

El estado tiene la facultad de contratar publicidad institucional para poder hacer llegar a la ciudadanía determinadas iniciativas que considera necesarias para poder realizar su labor.

El poder ejecutivo, tiene a su disposición todo el dinero que te saca coercitivamente, por la vía de los impuestos y que no puedes evitar. La relación es totalmente asimétrica.

Los partidos políticos, que no se rigen internamente como democracias precisamente, se postulan como candidatos a gestionar un país a través de mecanismos democráticos que posteriormente pervierten para perpetuarse en el poder y conseguir su financiación.

Incrementando los presupuestos de una fingida e impostada propaganda institucional, el cuarto poder ha acabado dependiendo, en un porcentaje muy elevado, de esa misma publicidad institucional. De esta forma, quien controla la publicidad, tiene el poder de modificar la línea editorial del medio. En los casos de los media públicos donde TODO su presupuesto depende del ejecutivo, la dependencia es total y la línea editorial ha acabado siendo la del ejecutivo; dejando de ser un medio de comunicación para convertirse en un medio de propaganda.

Aquellos media que no coinciden con la ideología del gobierno, han acabado matizando y suavizando su tratamiento informativo. De esta forma, todos los media se han acabado convirtiéndose, de facto, en medios de propaganda y publicidad institucional. En otras palabras, se han convertido en parafuncionarios dado que su sueldo depende de "medios de comunicación" financiados por el gobierno.

Un caso paradigmático de este fracaso informativo lo vemos en el mercenario informativo Javier Ruiz y en concreto, en la pieza informativa en la que supuestamente hace de periodisto de investigación. Javier Ruiz es un esbirro del poder que actúa como vocero de régimen. Javier Ruiz actúa todos los días en el medio de comunicación que vive de tus impuestos y que todavía se autodenomina TeleVisión Española. 

ANÁLISIS DE LA NOTICIA

Cogiendo el rábano de la xenofobia en las calles empalma con el neocatolicismo, como si el catolicismo no fuera siempre y en todas las épocas algo nuevo para cada ser humano. Pero inmediatamente neutraliza cualquier atisbo de modernidad y frescura motejándolo de "muy conservador". Entonces, ¿en qué quedamos?¿Es nuevo o muy conservador?

Se presentan prácticas habituales de la vida cristiana, y en concreto católica, como si de oscuros rituales mediavales se tratara.

Expresiones como "intenta", que quiere decir que no lo está consiguiendo en la medida que la "secta católica" desearía "captar" al "colectivo" vulnerable de los "jóvenes". Inmediatamente se identifica al responsable con nombre y apellidos "Josepe" y lo vincula como extremista que se excinde de la "secta católica extremista" del Opus Dei.

La gran amenaza que este periodisto detecta con su extrema sensibilidad de ultra izquierda es el atrevimiento de que siendo lo más rancio del Opus Dei, tiene el atrevimiento de presentarse como "mucho más moderno". Un grupo de música adolescente que literalmente entra "en cucharadas soperas" en muchos otros. Y este contagio que se está propagando como una pandemia es lo que asusta, a tenor del tono acelerado con el que dota a la noticia de un sentido urgente, rayano en la emergencia, añadiendo a la noticia una importancia informativa de la que carece.

Y lo que más les molesta es que todo esto esté ocurriendo sin que tenga nada que ver con ellos, sin que hayan recibido ni un céntimo de subvenciones estatales y que haya estado ocurriendo delante de sus narices sin que se lo olieran. Un sopapo humillante que la ultraizquierda mediática no vio venir.

Queda claro quien es el enemigo informativo: la Iglesia Católica, pero no cualquiera, sino en concreto, el Opus Dei, cuya sola mención ya moteja peyorativamente cualquier actividad, por trivial que parezca. Así se enfatiza en la noticia afirmando contundentemente los consabidos atributos rancios. 

Habla el periodisto de crecimiento espectacular de la mano de un despliegue tecnológico espectacular. Vamos, un servidor web e internet. Un movimiento que simplemente hace un uso de las redes habitual, sin el respaldo económico como RTVE.

Se queja de que cristianos de más de 30 países queden a hacer retiros, horas santas y demás. Se conoce que este periodisto rancio no sabe que esto lo ha hecho la Iglesia católica toda la vida y él lo acaba de descubrir. Como la cantidad de seguidores que tiene el grupo (un cuarto de millón sólo) y la cantidad de descargas que, a pesar de medirse en millones, es ridícula en los parámetros habituales en los que se mueve la industria de la música que suele ser de cientos de millones.

Javier denuncia escandalizado que se atreven a vender libros, arte y merchandising en general, como si eso no lo hicieran todos. Atrevimiento de vender un libro por 17€, como si fuera un precio exorbitado y no un precio comedido, que es lo que realmente es. Inmediatamente denuncia, a modo de colofón, que es algo en lo que hay mucho dinero, que suena a Opus Dei, que es mucho más joven, mucho más tecnológico, mucho más moderno y que está entrando sin límites en la generación Z. 

Ciertamente lo que le incomoda a Javier Ruiz, político de ultraizquierda metido a periodisto, es que los valores marxistas y autodenominados "progresistas" que ellos han intentado inculcar a la ciudadanía durante tantos años y despilfarrando tantos recursos, no hayan sido reconocidos y aceptados por la desagradecida ciudadanía y que encima, un don nadie completamente anónimo (padre JosePe) les haya fragmentado el chiringuito desde abajo y tenga el atrevimiento de plantar cara con el discurso de siempre pero adaptado a una sensibilidad joven y moderna.

Les ha estallado el petardo católico que iba dentro del cigarrillo progresista en plena cara, cuando más lo estaban disfrutando. Y así se les ha quedado la bilis contenida que destila esta noticia.

Recemos para que su enojo siga en aumento. Convertios y creed en el evangelio. 

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